LOS PROBLEMAS DE LA CIVIL WAR II Y POR QUÉ MARVEL MANDÓ ESCRIBIRLA
"Cuando la mafia, la prensa y el mundo entero te diga que te muevas, tu trabajo es plantarte como un árbol a la vera del río de la verdad y decirles «no, te mueves tú»"
- Steve Rogers, el Capitán América
Suena contraproducente, pero yo no leí primero la Civil War original. Aquel año era el 2016 y yo estaba todavía a un paso de salir de una escuela primaria de monjas.
Subrayo que esas mujeres eran, y siguen orgullosamente siendo, monjas porque uno de mis maestros les sacaba especialmente de quicio. Casi siempre nos saltábamos el padre nuestro de primera hora de la mañana, con cualquier profesor, pero este maestro era por bastante el menos católico de la clase.
Por destacar una asignatura en específico, nos daba inglés, que en eso se especializó y casi que me especializó a mí años después. Leía tanto libros tradicionales como cómics, y por su culpa soy el friki de los superhéroes que soy hoy. De él tuve mis primeras historias de Batman, Los Defensores y el Doctor Extraño.
El caso es que, en ese 2016 la película del Universo Cinematográfico de Marvel más esperada era Capitán América 3, la misma que al principio se subtitulaba Serpent Society y terminó siendo una tapadera para adaptar Civil War.
Sabiendo esto, mi profesor me regaló un par de cómics en torno a este arco. No eran, por así decirlo, la primera Civil War sino la segunda, y con la conciencia de «comiquero» que tengo ahora, vaya que son diferentes...
Por supuesto, hay dos versiones conocidas de la Civil War I: la de los cómics y la Capitán América 3.
Las películas conectaron la trama con su Era de Ultrón (o las dos horas de Ultrón), haciendo que el gobierno de Thunderbolt Ross, manchado en las sombras por el Barón Zemo y motivado por un acuerdo de la ONU, obligase a los Vengadores firmar una ley que haría que los superhéroes solo pudiesen acudir a un desastre si el gobierno les daba permiso. Todo esto para que no se repitiese un caos como el de Ultrón y los gemelos Maximoff en Sokovia.
El bando del Capitán América se niega a firmar, alegando que un héroe verdadero no se deja ahogar por gobiernos y actúa según el pueblo lo necesite, mientras que el de Ironman quiere firmar, por sentirse culpable de la creación de Ultrón y tener más controladas a futuras amenazas.
Si así suena como algo que podía dividir, porque la campaña de marketing era eso, a la audiencia en uno de los dos equipos, esperad a ver qué pasó en los cómics.
El año era 2006. Mark Millar como escritor y Steve McNiven como dibujante empezaron a escribir un arco de siete números, bajo la sombra de lo que habían sido arcos tan importantes como Vengadores: Desunidos y La Dinastía de M.
La trama inicia con un grupo de superhéroes amateur grabando un reality show, para el que derrotaron a unos supervillanos menores para aumentar su rating. En al acto, uno de ellos explotó y se llevó consigo a 600 personas. La opinión pública se puso en contra, por miedo, a las personas con poderes: Hulka tuvo que llevar a juicio a uno de los super-celebrities, por ejemplo.
Sobrepasado por todo, Tony Stark aprueba junto al Congreso de Estados Unidos el Acta de Registro de Superhumanos. Esta no es necesariamente como la ley de las películas, sino que proponía que se registrasen todas las identidades de personas con poderes y se vigilaran su entrenamiento y futuras misiones, incluyendo también superhéroes sin poderes e incluso villanos. Como antes, Capitán América y Ironman lideran dos bandos: uno que piensa que esto vulnera los derechos civiles y las identidades secretas y otro que cree que es su responsabilidad como superhéroe. Todo fue llevado a tal extremo que SHIELD creó una delegación de sicarios llamada los Matacruzados para silenciar a los héroes que no aceptasen el acta y salvasen el mundo sin permiso.
¡Ah! Y un detalle que me encanta: Thor no estaba en la Tierra cuando todo esto pasaba, así que Tony engañó a todos haciéndoles creer que había vuelto para ponerse de su lado, cuando en realidad había creado un robot idéntico a él, martillo y rayos incluidos—esto le costaría que el Thor de verdad le pusiese los huevos de corbata.
En fin. En las películas, esta historia es considerada de las mejores, entre otras cosas por introducir al Spiderman interpretado por Tom Holland. Los cómics, aunque el arco es vastamente recordado para bien y para mal, no se libró de polémicas. Básicamente, al esto ser una guerra de bandas, había tantos personajes que era imposible respetar la escala de poder. Y sobre Spiderman, los fans lo encasillarían por tener uno de los momentos más fuera de personaje de Peter Parker: ponerse del lado de Ironman y revelar su identidad a la prensa porque él se lo pidió.
Todo lo que tengo que decir sobre la primera Civil War acaba aquí. Pasamos a la segunda, que solo ha sucedido en los cómics.
2016. Para impulsar la película, Marvel mandó escribir una secuela del conflicto, de ocho volúmenes, y a cargo de ello estarían Brian Michael Bendis como guionista y David Márquez y Justin Ponsor como dibujantes.
El argumento gira en torno a Ulises, un inhumano, es decir, una persona que recibió poderes de la misma niebla que dijimos que conectó a Moon Girl con Dinosaurio Diabólico, con la habilidad de ver el futuro. La familia real inhumana, a cargo de Rayo Negro y Medusa, lo hacen comunicarse con los Vengadores. Al principio nadie lo toma en serio, pero más tarde se dan cuenta de que efectivamente sus visiones son ciertas, sean o no lo que parecen. Con todo el mundo consternado, deja dos profecías horribles: Hulk destruirá el mundo y Miles Morales matará al Capitán América.
Nada más oírlo, Ojo de Halcón le lanza una flecha en la cabeza a Bruce Banner y lo mata.
Ahora los bandos los forman Carol Danvers, la Capitana Marvel, y de nuevo Ironman. Ella dice que debemos ponerle solución a los problemas que anuncia Ulises antes que se sucedan y él que tengan a Ulises bajo investigación (o experimentación) para descifrar cómo funcionan sus visiones.
No me preguntéis por qué, pero se formó tal desmadre que hasta las sociedades alienígenas estaban al pendiente de esto. De hecho, el primer número que yo leí bajo la premisa Civil War II fue uno de los Guardianes de la Galaxia.
No voy a hacer el spoiler de por qué Ulises vio lo que vio, sobretodo porque la justificación de lo de Hulk todavía es reciente, pero sí voy a señalar los que yo creo que son los mayores problemas de la Civil War II. Ni que decir tiene que el dilema de la escala de poder sigue existiendo, pero no me quiero centrar en eso.
Lo que menos gustó en general, incluyéndome, fue la postura de la Capitana Marvel y cómo Brian Michael Bendis le hizo manejar cada conversación o debate al respecto. He aquí el por qué dije en Instagram y en el anterior texto que esto tendría que ver con el papel de los personajes femeninos en cómics de superhéroes.
Si me preguntas a mí, diría que defender a alguien que se ha cargado a Hulk antes de que pudiese hacer nada por una profecía que no entendías me parece el mismo error que se cometió en 2006 cuando lo mandaron al espacio para estar a salvo de él, pero ¡oh sorpresa! eso fue lo que les hizo no estar a salvo de él después—los arcos son Planeta Hulk y Guerra Mundial Hulk, y por los mismos Hulk no estuvo tampoco presente en la primera Civil War. Y narices, los inhumanos deberían saberlo mejor que nadie porque después Hulk los invadió.
Carol en general tuvo tamaña reducción de neuronas, todo para no hacerla destacar frente a Tony Stark, que es el mayor símbolo que ha tenido Marvel de mujeriego narcisista millonario.
En fin. Todo puede describirse como una campaña que hizo Marvel para vender cómics al mismo tiempo que entradas de cine para Capitán América 3, y aunque yo respeto al autor de este infame arco por algunos de los otros arcos que ha escrito—Bendis era a Marvel lo que hoy Tom King a DC: la vieja confiable—, admito que fue una secuela innecesaria y mal ejecutada.
Creo que nunca le pregunté a aquel profesor si a él le gustaba más o menos que la primera parte. Incógnitas de la vida.
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