WORF EFFECT O CÓMO PONERLE LOS CUERNOS A TU HISTORIA
"Un mundo narrativo es coherente no porque reproduzca las leyes del mundo real, sino porque respeta las leyes que él mismo se ha dado"
- Umberto Eco
[Se ha recibido la inspiración para este texto del vídeo "El Maltrato de Marvel a Ghost Rider debería ser ilegal" de Engail Talks]
Imaginemos que te han contratado como guionista de una serie de televisión semanal. El show es el típico monster of the week, con un nuevo disfraz de Halloween siendo el villano a batir cada poco tiempo.
En tu más reciente reunión de escritores, se pone sobre la mesa un problema: «chicos, el malo de la semana pasada era tan poderoso que nadie se va a creer que el de esta lo sea más». Tú, que tan inteligente eres, saltas con una gran idea: «hagamos que venza al más poderoso del elenco de protagonistas».
La sala entera te aplaude. Eres un héroe. Cuando te laves la camisa de champán, acuérdate de mí, porque has caído en el Worf Effect.
Vamos a profundizar en el ejemplo que hemos puesto para que nos entendamos, y ya de paso respondemos a la pregunta de qué significa Worf. La serie para que te contrataron es Star Trek: La nueva Generación. En ella, el personaje más imponente del bando de los buenos es Worf, un klingon. Como cada semana la serie incorpora un villano nuevo, al pobre Worf le toca recibir palos. Al final, Worf Effect se quedó como la expresión para cuando esto pasa en cualquier medio de ficción.
Es más, se le dice Worf Barrage al caso en el que lo que pierde no es un personaje sino una técnica o poder especial. Esto ocurre con frecuencia en el anime shonen y el cómic de superhéroes.
Ahora bien. ¿Es algo verdaderamente malo? Y si es así (sí), ¿cómo se puede evitar?
En primer lugar, la regla primordial a la hora de escribir un mundo ficticio es ser coherente con lo que estás contando. Si como en la historia de Star Trek, sitúas la trama en un universo de naves alienígenas, debes fabricar unas leyes internas a la hora de desarrollar ese mundo que sean compatibles con las naves alienígenas. Lapidariamente, has de ser lógico respecto a tí mismo.
De nuevo, nos beneficiamos de Worf. Una ley interna del mundo ficticio de Star Trek es que este hombre tiene cierta autoridad y una fuerza física considerable; es un jefe de seguridad y ya se las ha visto putas con malos malísimos. Si repetimos el patrón de que cada viernes Villano Aleatorio 1 lo derrote, terminamos faltando el respeto a las normas que establecimos antes. Así, nuestra obra dejará de ser creíble y perderá su elemento sorpresa.
Otra víctima del Worf Effect y el Worf Barrage que se me ocurre es el Motorista Fantasma, de los cómics de Marvel. Este personaje (más bien personajes; una larga historia) se destaca por tener una habilidad específica: la mirada de la penitencia. Básicamente, al mirar a los ojos a alguien, este esqueleto vestido de cuero hace ver y sentir a dicha persona el dolor que ha infligido a otros. No por nada es el espíritu de la venganza.
Con el tiempo, los autores notaron una necesidad emergente de reducir el poder de esta habilidad. La primera solución propuesta fue que no afectase a los personajes que no tuvieran alma ni a los que fueran fuerzas de la naturaleza. Lo veas por donde lo veas, una medida lógica.
La caída del Motorista Fantasma vino cuando intentó usar la mirada con Punisher.
—¿Qué es esto? ¿Por qué resistes la mirada de la penitencia?
—No me arrepiento de nada.
Efectivamente, con el objetivo de volver más interesante a Punisher, la mirada ya no le afectaba. Este fue un caso de inconsistencia con las leyes internas bastante sonado, en particular porque gran parte del arco de personaje de Punisher es ser atormentado por el recuerdo de haber matado a su familia.
Tenemos pruebas de que ocurrió de forma similar, sin explicación previa, con más personajes. Thanos, Doom, la capitana Marvel...
Los dos problemas, tanto el de Worf como el del motorista, ignoran por completo la lógica de su universo y descolocan lo que se conoce como powerscaling. En castellano, la escala de poder, un sistema utilizado en ficción para distinguir una jerarquía de poder entre personajes. Más tarde, hablaremos en profundidad de este concepto.
Para que la explicación quede redonda, podemos proponer una solución para evitar que nos ocurra un Worf Effect o sus derivados mientras escribimos.
Un recurso a considerar sería que el conflicto encargado de presentar o ensalzar al personaje de turno no sea basado en poder, sino en algo más abstracto, como un dilema moral. Entonces, redirigiríamos la atención del lector, que aún entiende que x personaje previamente establecido como poderoso lo sigue siendo. Sin ir más lejos, Dumbledore no elimina directamente a Voldemort no porque no pueda, sino porque a esas alturas de la saga Voldemort ya estaba cumpliendo la profecía, así que Harry era el elegido para acabar con él, y además tenía su alma dividida en muchos horrocruxes cuando Dumbledore solo había encontrado uno.
En conclusión, no está más ser fiel a lo que se escribe, al menos si se tiene la intención de dar una imagen profesional o de respeto a la obra de uno.
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