A OJO DEL PÚBLICO, UNA COPA EN PEDRO ANTONIO
"Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra"
- Gabriel García Márquez
Admito ante su señoría y los miembros del jurado que este texto es solo una excusa, un capricho, para tratar de manera extendida el final de Good Omens y su recibimiento, sea este merecido o no.
Con estas cosas me suelo acordar del Domingo de 2023. En esa época, estaba La Mala Nueva, su primera novela, y entre descanso y descanso ponía un legendario Prime Video sin anuncios. La primera serie que vio se llamaba, efectivamente, Good Omens, una adaptación episódica del libro Buenos Presagios que escribió Terry Pratchett junto a Neil Gaiman.
Y claro, Domingo estaba casualmente escribiendo sobre ángeles y demonios.
—Mierda, se parece al libro que estoy escribiendo—Se echó las manos a la cabeza—. Capaz me acusan de plagio.
Igualmente, el chico siguió escribiendo aun habiendo acabado de ver la serie. Ahora el libro es solo recordado por unos pocos de su pueblo, pero qué se le va a hacer.
Good Omens, por su parte, se formó alrededor de sí mismo una intensa fanaticada. Por un lado, los lectores de fantasía incluyendo la obra original, y por otro, los amantes de la representación de relaciones homosexuales en televisión. Todos ellos dedicando su esfuerzo en hacer arte inspirado en la serie mientras esperaban a una segunda temporada, el regreso de Arizafel y Crowley que tanto se prometía.
Por supuesto, la segunda temporada llegó.
Ya no teníamos a un ángel y a un demonio tratando de cuidar del Anticristo para evitar el Apocalipsis sino a los mismos averiguando por qué el arcángel Gabriel está amnésico. Personalmente, aunque tuvo episodios interesantes, no fue un compendio que llamase mi atención tanto como la primera vez. Eso sí, dio a los fans una cosa deseada por infinito tiempo: el romance de los protagonistas.
Ahora bien, es aquí donde sucede la caída, nunca mejor dicho. Neil Gaiman, uno de los autores de la obra original—Terry Pratchett murió años antes de la serie—, que ya era famoso por otros libros como Coraline y American Gods, había sido destapado como abusador hacia varias mujeres. No entrando todavía en si separar autor de obra, la serie se puso en un alto indeterminad, así evitando la polémica.
A otra serie que adaptaba su trabajo, The Sandman de Netflix, le ocurrió lo mismo: otra producción parada porque el artista no puede evitar los traumas fumando maría sino causando problemas a la gente. Total, iba a haber un rayo de luz en los primeros meses de 2026, un haz en forma de post de Instagram.
Y es que sí, la cuenta de Instagram de la serie fue lo único que no se detuvo, y esta vez venía cargada de teasers para una tercera temporada, sin adaptar a Gaiman sino concluyendo el arco de los personajes, que al fin y al cabo también eran de los otros guionistas.
La fiesta no se desmontó hasta la tarde del miércoles 13 de mayo. Apareció en Prime Video un solo episodio llamado El Final y que duraba hora y media. Aquí fue cuando el Domingo de 2023 volvió a su carne, listo para ver la historia acabarse.
En materia de spoilers, [SPOILERS] Azirafel en el cargo de arcángel supremo está preparando el segundo advenimiento de Cristo para otorgar la felicidad eterna a la humanidad. Al resto de ángeles, fieles a la tradición del Apocalipsis, esto no les convence. El ángel Sandalfón se queda de niñero de un Cristo reencarnado, pero una fuerte alarma por la muerte del Metatrón hace que lo pierda y este se escapa a la Tierra.
Mientras tanto, Crowley vive sus días borracho e intentando volver a ganar su Bentley en un casino, pues en pos de salvar la antigua librería de Azirafel, lo perdió contra unos gángsters. Cristo se lo encuentra desolado en un callejón pero, como el demonio va cieguísimo, este le dice que «encuentre a la dama»—por ese juego de cartas inglés perdió el Bentley.
La historia toma dos caminos: el reencuentro de los protagonistas a la izquierda y cómo Cristo conoce a un triste ex-apostador para que le explique cómo encontrar a la dama a la derecha. Equipo 1 no tarda en recuperar el coche, así que se disponen a encontrar al culpable del caos en el cielo, y Equipo 2 se enreda en escenas donde Cristo consuela a la gente con parábolas.
Ahora viene el final. Azirafel y Crowley descubren por descarte que todo esto es un plan del arcángel Miguel, que está en el centro del universo quemando páginas del libro de la vida para que todo deje de existir, porque nadie nunca le agradeció su trabajo.
Con el universo colapsando, Crowley le quita la página del libro de la vida donde está la librería a Miguel: ahora la única cosa existente es la librería y los protagonistas en su interior. El llanto de «todos están muertos» es interrumpido por Satanás, que les suelta un «buena habéis liado, cabrones».
Usando, y no miento, el poder de la literatura, Azirafel hace que Dios se manifieste en la librería, para ver si la situación se puede solucionar. El caso es que los protagonistas tienen la oportunidad de encontrar una solución definitiva a sus problemas si se la piden a Dios, así que aceptando que se quieren y que la humanidad merece un mundo sin Dios ni Diablo, piden que surja la vida en otro universo que cumpla dichas condiciones.
Todo se desvanece. Tras una pantalla en negro, vemos cómo un tal Anthony Crowley profesor de astrofísica compra un libro en una librería donde trabaja un tal Asa Fel. Ambos quedan para cenar en un bar y nos muestran un flashforward donde ya están casados y contemplando las estrellas, preguntándose si habrá algo más allá.
Según lo que entiendo de la opinión pública, a poca gente entre la que me incluyo le ha gustado ese final. Ciertamente, no me extraña, pues ningún final cerrado en novelas o películas es satisfactorio para el 100% de la audiencia. Stephen King, por ejemplo, es recordado como un autor de finales pésimo, y aún así está en su respectiva posición mediática.
Tras bambalinas, sabemos que esta iba a ser en principio una temporada 3 al uso con seis episodios pero que se tuvo que condensar en uno más largo. Esa condensación se percibe: los misterios se resuelven rápido y los personajes saben mucho desde el inicio. Más allá de las condiciones externas que causaron esto, me parece una conclusión apropiada. No tiene el ritmo que la historia merecía, pero al menos me entretuvo.
Entonces, ¿es esto una crítica a quién no toleró el final de la serie? ¿Es su defensa a capa y espada? A ambos respondo que no.
Al igual que como surgen las mejores conversaciones, esto es una manía por hablar de lo que a uno le gusta. Así que siga la estirpe debatiendo en su soledad, porque la primera generación nos vamos de copas a Pedro Antonio.
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