FUERTES, DÉBILES Y UN PUNTO ENTRE MEDIAS

 "Dentro de mil años, aún esperará tus besos en su cráneo"

                                                   - Gloria Fuertes

El mío tiene pinta de ser un verano que me pasaré leyendo a autores y autoras que me han enseñado más o menos a fondo en la universidad (cosas de Granada).

Recuerdo una clase de Introducción a la Literatura Comparada en la que se presentó la profesora con la que el maestro Domingo se partió por la mitad la asignatura. Una cita de ella ya puse, ya sabéis quién es.

Total, mi compañero y yo nos vimos ensimismados en por qué la cuarta unidad se llamaba algo así como «feminismos literarios, crítica lesbiana, queer studies y nuevas masculinidades».

Me viene esto como anillo al dedo (sello en mi caso), pues lo enlazo con el mes del orgullo LGBTIQ+. Y es que mi faceta veraniega de poesía ha comenzado con Gloria, característica en la historia de la literatura española por sus amores, humores y desamores.

Dice Julia Viejo que también era ella una isla ignorada, una pastora de gatos, una cabra sola. Creo que la sesión de lectura enseña que todos lo somos o tenemos un poco de ello como mínimo, mucho de "cabra sola" en verdad.


Y vivo por mi cuenta, cabra sola

que yo a ningún rebaño pertenezco

Si sufrir es estar como una cabra,

entonces sí lo estoy, no dudar de ello


Tengo recuerdos como neblina de la popularidad de "Pienso Mesa y digo Silla", que apareció en el año 68 en "Poeta de Guardia".

No me desconcierta al revisitarlo que perfectamente pudo apellidarse Débiles, cosa que solamente haría a los poemas más propensos a la excitación por ley de opuestos.


Entre mi sangre y el llanto

hay un puente muy pequeño,

y por él no pasa nada,

lo que pasa es que te quiero


Por supuesto, el amor y las respuestas humanas a sus variantes han sido la temática suprema de la literatura mundial. Ya vimos cómo inició la europea en el texto sobre Petrarca.

Con el paso del tiempo, el concepto se moldea de diferentes formas o, incluso mejor, se sale del molde.

Es quizá la diversidad y el orgullo, ya sea o no heterosexual, lo que ha facilitado un giro de 180° a la poética amorosa contemporánea (y qué pena que la pornografía nos haya quitado ese gusto del discurso—ya hablaré contigo, Barthes—).

Señoras, señores, señorus. No es que tengamos que ser fuertes, ni tan siquiera débiles, pues el catalejo apunta a un punto entre medias, invisible para unos muchos.

¿Somos o no buenos piratas?

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