JARDINEROS. SOBRE LOS SUEÑOS INFLUYENDO AL ARTE
"¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión... que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son"
- Pedro Calderón de la Barca
Muchas de las ideas que he tenido como autor brotaron de sueños. No como algo milagroso que por arte de magia ofrece la fórmula del éxito, pero al menos como una semilla. Una de esas semillas la recuerdo con precisión absoluta; era testigo de figuras un tanto abstractas, una de las cuales dijo lo siguiente:
—Ayer desterraron a Lucifer. No te vaya a pasar lo mismo a tí, que ya nos conocemos.
Ahora esa semilla tan tonta está desencadenando un proyecto importante, pero volveremos a eso al concluir este texto.
El caso es que, y no solo por el teatro de Calderón, los artistas han tenido muchas veces a lo largo de la historia a sus propios sueños como inspiración. No solo estos, sino también ilusiones visuales, alucinaciones y estados de trance. Los ejemplos que mejor se me vienen a la cabeza son los de los autores del Romanticismo.
Para entender lo que sucedía con estas personas, debemos remontarnos unos años antes. Acaecían los siglos XVII y parte del XVIII y la nueva población nobiliaria se había consolidado como triunfante. Pasó lo mismo con su modelo de pensamiento, es decir, la Ilustración, la recuperación de las prescripciones clásicas sobre cómo hacer literatura y un levantamiento de la razón como herramienta para diferenciar el conocimiento real del falso. Todo esto, en una defensa discreta del absolutismo monárquico, en especial en Francia.
El caso es que, con el éxito de la Revolución francesa a finales del XVIII, el pueblo—liderado por la burguesía—se sublevó. En los países cercanos a este revolución, véanse Inglaterra y Alemania, los artistas decidieron imitar este modelo, negando cómo se les había dicho que tenían que escribir o pintar cuadros. Ya no era obligación mostrar tramas verosímiles o censurar la violencia y la sexualidad; las reglas estaban cambiando. Un precedente a este giro de los acontecimientos, salvando distancias y a principios del siglo XVII, fue Lope de Vega en España, con su Arte nuevo de Hacer Comedias.
Ahora que tenemos un poco de contexto histórico, ¿de dónde viene todo esto de los sueños?
Los románticos, estos nuevos autores, siguieron una estela diferente a la hora de inspirarse. Con ejemplo en la bucólica grecolatina y la poesía pastoril, se alimentaron de contemplar la naturaleza y en la amante idealizada (al menos en las primeras generaciones). A esto le sumaron lo que llamamos «lo sublime», que siguiendo a Edmund Burke, es una sensación resultado de mezclar el asombro o la maravilla con el miedo. Dicho miedo viene de la mano de romper una de las reglas clasicistas de los franceses: la verosimilitud. Ya no hace falta ser 100% realista, así que se pueden permitir incluir cosas fantasiosas y sobrenaturales.
Y ahora sí, dado que ya no queremos ser fieles a la realidad, no hay mejor fuente de las musas que lo que no es real. Los sueños, científicamente hablando, son procesos mentales involuntarios de imágenes y sensaciones que vivimos en la fase REM, casi siempre con narrativas ilógicas.
En su Interpretación de los Sueños, Freud los define como la «realización» de nuestros deseos reprimidos; nuestra mente los enmascara en forma de imágenes simbólicas para que podamos procesarlos, casi vivirlos. Actualmente, más alejados de los conceptos polémicos por los que la gente conoce a Freud, los psicoanalistas consideran los sueños una estructura alternativa de lenguaje totalmente distinta a la hablada vía oral.
Esta última definición puede ser la que mejor ayuda a entender cómo un artista mantiene relación con sus sueños. Si tal es el caso, el escritor adapta la estructura de lenguaje que se le presenta matizándola y dándole consistencia en lo que será su libro.
Por volver a los ejemplos históricos, Horace Walpole, uno de los primeros autores del Romanticismo inglés, tuvo un sueño en el que moría aplastado en su nueva residencia, y de ahí surgió la idea de El Castillo de Otranto. E incluso en la contemporaneidad hay casos: bien es sabido que Stephen King halló la idea principal para Misery durmiendo durante un vuelo en avión.
Todas estas semillas, románticas o no, locas o no, se sirven al máximo de la voluntad del autor. La mía que mencioné al principio parecía una frase corriente, pero a base de luz solar y regadera hoy es el prototipo de un juego de mesa con especial énfasis en su accesibilidad para las personas mayores.
Tal parece que, además de artistas, somos jardineros.
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