LIGERITA CUESTIÓN OSCURA

 "Se llama violento aquello cuyo principio está afuera no cooperando nada el que padece la fuerza"

                                                 - Aristóteles

Vuelvo ciertamente sorprendido de la facultad habiendo debatido con mi profesor de Géneros Literarios si el shitpost, esas publicaciones meme de Twitter hechas para cabrear, podría llegar a considerarse un discurso artístico-estético. Creo que he vivido un ragebait, como se dice ahora.

Por supuesto, no es coincidencia iniciar este texto con neologismos fabricados en Internet. Lo que hoy nos compete es ni más ni menos que uno de los subgéneros más popularizados a través de redes sociales, en especial TikTok y nuestra amiguísima Wattpad.

Ya explicamos en un curioso anterior texto (G. Maestro vs Booktok) cómo la literatura está sufriendo para bien y para mal una nueva expansión digital, con ídolos que en principio parecen salidos de la nada y que, por evolución de la conciencia social, abarcan distintas minorías o grupos que antaño eran marginales o violentados.

Aquella vez nos centramos en el llamado romantasy, y admito que a día de hoy mi percepción sobre ello está algo más formada, pero hoy nos toca hablar de la otra cara de la moneda: el dark romance. Romance oscuro, vaya.

Si solo se lo describiera por su traducción literal, parecería que hemos vuelto a la novela gótica. Aunque tal género también es de los que ha experimentado un ascenso, sobretodo por el gusto de comunidades alternativas, no es este el caso. El dark romance es una vertiente de las tramas románticas y eróticas, destacando por poner esto en ambientes socialmente crudos y de una moral muy cuestionable. Con «socialmente crudos», nos referimos a escenarios de secuestro, corrupción empresarial, narcotráfico, acoso sexual...

Antes de empezar, no nos hagamos los sensibles. Cualquier persona curtida en la literatura universal ha visto esto y más, solo que adaptado a otras épocas y éticas. Edipo mató a su padre y se acostó con su madre, Lolita tiene una relación con un profesor y hay niños barados en una isla desierta matándose y haciendo de dictadores. Entonces, el tema a hablar no es la manifestación de violencia.

El problema viene cuando llevamos estas cuestiones a un sector joven de la población, digamos entre 13 y 19 años, absorto totalmente por el scroll infinito, la idealización hollywoodense y unas dinámicas de relación sexo-afectiva problemáticas por su toxicidad y misoginia. Respondería alguien a nuestra tesis que movimientos contrarrestantes como el feminismo han avanzado mucho, y yo le daría la razón, pero otra cosa que también ha avanzado mucho es la popularización online de la extrema derecha—y ya sabemos hacia dónde lleva eso.

Es aquí que señalo a un ruidoso sector de la fanaticada del dark romance. Generalmente, como hemos dicho, son un público adolescente o joven adulto, en este caso femenino, que expresan su gusto por el género a través de videos según el formato de la plataforma de turno. Si solo fuera eso, no habría ningún problema. Donde sí lo hay es en el carácter de, en resumen, estos diálogos subidos de tono en un sentido en el que resaltan una autoridad amenazante respecto a una sexualidad activa y dominante, marcados en rojo chillón. La reacción a estas manifestaciones lingüísticas, descontextualizadas la mayoría, lucen como una sumisión ciega y dados a la posesión del hombre fuerte problemático sobre la mujer frágil dependiente. Así, pareciera que los autores del género buscan una igualdad dominancia = deseo.

—Domingo, Meridiano de Sangre de McCarthy tiene al juez Holden torturando niños abusados y la gente lo ubica como un libro asombroso.

—Asombroso sí, pero no ejemplar. La diferencia está en que, aun mostrando violencia, la interpreta de manera distinta.

Revelo ahora la verdadera razón de escribir este texto: hace unos días tuve una conversación con una chica de mi rango de edad, los veintes, sobre dark romance. Mi posición era la de defender que lo tratado en él no salió de la nada sino que, aunque fuese inconscientemente, bebe de los clásicos. La de mi contraria, defender estos libros a capa y espada.

—Estos libros están escritos por autoras que sí conocen el cuerpo y la sexualidad de la mujer, lo que nosotras queremos.

—Sylvia Plath.

Ahora que lo pienso debí responder de otra forma, porque luego se usó a Plath en mi contra. Lo que pretendía dar a atender era que escribir sobre sexualidad femenina no implica validar cualquier representación de relaciones. Pude decir—sin ser perfecto, ahora vamos a ello—algo así.

—¿Tú quieres que un hombre que no conoces te ate a una silla en un hangar a las tres de la madrugada?

El defecto que hubiera tenido este contraargumento por mi parte sería que fantasear no es lo mismo que querer vivir. El planteamiento de desear algo tiene un punto ciego en su falta de distancia crítica y no por ser ilegítimo.

Pero bueno, vamos a tratar su primer argumento con ejemplo de la autora más reconocida. ¿Qué mejor presentación para alguien que su propia Sobre la autora en Google Books? Cito: H. D. Carlton es una autora best seller internacional. Vive en Ohio con su pareja, dos perros y un gato. Cuando no está bañándose en las lágrimas de sus lectores, está viendo programas paranormales y deseando ser una sirena. Sus personajes favoritos son los que tienen una moralidad cuestionable y cree que todo el mundo debería dejar de lado la cordura antes de sumergirse en sus historias.

"A los humanos no les hace falta aplicarse maquillaje escabroso ni sangre falsa para causar temor. Lo que resulta verdaderamente aterrador es nuestro interior, la oscuridad que se esconde bajo la superficie"

                                                 - H. D. Carlton

[Algo que no tiene que ver con la cuestión. ¿Soy el único que sospecha que todos estos autores de dos iniciales y apellido anglosajón imitan ese modelo de Lovecraft? ¿Qué nos ha hecho el siglo XX?]

No creo equivocarme si digo que esa es una cita muchísimo más seria que el tan temido «cúbrete las espaldas, ratoncita, porque nadie más lo hará».

Su caso y el de su obra Hunting Adeline es uno muy popular en Booktok. Aquí, las dinámicas de secuestro, coacción y dominación extrema se vinculan directamente con la construcción del erotismo. Ya hemos mencionado que nada es nuevo para la tradición literaria; lo preocupante sería su recepción, no por envidias de un escritor casi nada conocido, sino por sus fragmentos al aire considerados consignas.

Se dirá con razón que la historia es ficticia, que existen trigger warnings o avisos de contenido y que el lector sabe distinguir realidad de ficción. En lo que radica este texto es en que todo eso, tan positivo que me enorgullece, se difumina una vez parte de la masa ha perdido esa distancia crítica de la que hablamos.

Si Aristóteles entendía la violencia como imposición sin cooperación, habría que preguntarse qué clase de relato es aquel en el que esa imposición se reescribe como consentimiento. ¿Cuál no lo hace pero nosotros entendemos que sí por ignorantes?

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