SILMARILLION TOMORROW. CUANDO TOLKIEN FUE EL SILKSONG DE LOS LIBROS

 "Cuando hables con alguien, es cortés y eficiente hacerlo con sinceridad. Pero cuidado, porque ese hablar sincero puede ganarte enemigos"

                                        - Zote el todopoderoso

¿A qué comunidad le toca llevar ahora la peluca de payaso? ¿A la de Inazuma Eleven?

Ya en serio, el caso de Hollow Knight: Silksong tiene el potencial suficiente como para marcar un antes y un después en el mercado de productos de entretenimiento.

Para aquellos que no han sido ilustrados, este ha sido sin duda uno de los videojuegos más esperados de los últimos tiempos, junto a otros grandes como GTA VI o Half Life 3.

Todo el mundo consumidor de Internet tenía el chiste de esperar en cada directo o comunicado algo de esta obra, y cuando por fin se informó de que llegaría—y llegó—la tarde del 4 de septiembre, las redes se volvieron del revés.

Mayor fue el grito, sin embargo, cuando se confirmó que su precio de salida sería de 20€, con variaciones mínimas o incluso algo más baratas dependiendo del país. En zonas con una tensión económica notoria, véase Venezuela, alcanzó los 7 dólares.

—¡Domingo, leñe, que esto es un blog de literatura!

—Sí, sí, a eso voy.

El caso es que me pregunté si ese derechazo a una industria que cataloga juegos a día de hoy por 70 u 80€ (90 en el caso del más reciente Mario Kart) se había dado anteriormente en el ámbito literario, hacia el mercado editorial occidental de toda la vida.

Pues resulta que sí y que además no necesito recurrir a George R. R. Martin ni a Sanderson para explicarlo. Ahora bien, sí tengo que hablar del otro «erre erre».

"La fantasía es, como muchas otras cosas, un derecho legítimo de todo ser humano, pues a través de ella se logra una completa libertad y satisfacción"

                                          - John R. R. Tolkien

Todo el mundo aquí lector ha consumido o al menos oído hablar de El Señor de los Anillos.

Llamado John por una tradición familiar, Ronald por deseo de su madre y Reuel por significar «próximo a Dios», el chico se convirtió al catolicismo junto a su madre y hermano en contra de su linaje baptista, lo que les provocó ser económicamente abandonados.

A los doce quedó huérfano pero con la idea de que su madre Mabel había sido una mártir. Su tutor legal y educador pasó a ser un sacerdote gaditano.

Años de adquisición de conocimiento en lingüística, historia y arte en general más tarde, se enroló al ejército británico en la Primera Guerra mundial como teniente segundo y sirvió como oficial de comunicaciones en las trincheras del Somme, o eso hasta que calló enfermo.

Para no hacer el cuento más largo, escribió en 1925 tanto El Hobbit como los dos primeros volúmenes de El Señor de los Anillos.

Tras su muerte, y habiendo influenciado a generaciones de autores, Christopher, su tercer hijo, junto a su esposa Bailey, editó y publicó póstumamente una serie de manuscritos que su padre dejó abandonados.

El conjunto fue llamado El Silmarillion y trata temas como la cosmología de ese universo y el nacimiento de sus razas más características.

Con cuatro años de diferencia con la muerte del autor, se vendió al público con el precio de casi 5 libras netas o 10 dólares. Aunque para 1977 se asemejaba al máximo presupuesto para un libro (un precio de libro premium, quizá), no podía decirse que fuera impermisible o inadecuado para su relevancia cultural. En 1973, Thomas Pynchon publicó su "El Arcoíris de Gravedad" a 15 dólares, por ejemplo, y ni hablar de ediciones de coleccionista que superaban los cientos.

Concluimos de esto que, por mucho que el «¡no puedes pasar!» sea en teoría un parry a un boss, la contra más efectiva termina siendo la de un autor o estudio desarrollador que consiguió tratar a su público de forma digna, en contraposición con los estándares que se esperaban.

PD: Ahora que lo pienso, denme la peluca de payaso a mí. A lo mejor me viene bien.

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