PESSOA (ORTÓNIMO), LA SAUDADE Y EL ESCRITOR COMO DESCONOCIMIENTO DEL YO
"Cualquier cosa se cayó y tiñió el infinito"
- Fernando Pessoa
Hay en portugués un verbo que no podemos traducir al español. No se ha adaptado pocas veces «espelhar» como «reflejar», aunque bien quiera decir «ser espejo de», que no es lo mismo.
«Espejar» no se usa aunque «despejar» sí.
Salía yo de una clase de Literatura Portuguesa hablando con el profesor David Porcel sobre que el lío de los heterónimos de Pessoa me recordaba a la cuestión de Bruce Wayne y Batman. En ningún momento sabes qué identidad es la verdadera y cuál es una fachada.
Dedicamos esa sesión al concepto del Fernando Pessoa ortónimo, es decir, el que firma con su nombre. En su tiempo de estar vivo, era esta su cara pública, aunque también firmó despreocupadamente varios poemas (maravillosos la mayoría, cómo no).
A cada pancada tua
Vibrante no céu aberto,
Sinto mais longe o passado,
Sinto a saudade mais perto
(A cada tonada tuya
vibrante en el cielo abierto,
más lejos siento el pasado,
la saudade más cerca siento)
Oh, por cierto, eso de «saudade» tampoco tiene traducción.
Podríamos decir que es una especie de nostalgia melancólica a causa de la distancia física o temporal hacia algo amado. En el caso de la estrofa anterior, sacada del poema "Ó sino de minha aldeia", el algo amado—objeto amado diría Barthes—es el pueblo natal y los recuerdos atribuidos a este.
El Pessoa ortónimo muestra mucha sausade en general hacia una infancia idealizada—paraíso perdido según el vocabulario de Proust—, lo que me hace recordar instintivamente a los exiliados españoles durante el franquismo.
Y también tendría este Pessoa un pequeño rifirrafe con una forma del fascismo, el de Oliveira Salazar, por supuesto.
La única obra publicada por él mismo y con su propio nombre fue "Mesagem" en 1934. En ella había una notable influencia de los autores lusitanistas, que buscaban regenerar la sociedad portuguesa, hacer una nueva Lusitania. Ese «nuevo» lo pegó Salazar en su Estado «Novo», así que ahí iba Pessoa con su obra adoptada sin querer para el portfolio de un régimen dictatorial.
Ahora que ya está el contexto dado, me dirijo a otro dato primario que motiva este texto.
Al Pessoa tener más mantos que la liga de la justicia entera, quiero centrarme en ese desconomiento del yo que ya anuncia en su fase desenmascarada.
Dejo como prueba evidente la siguiente parte del primer poema de "Episódios. A múmia":
A alcova
Desce não sei por onde
Até não me encontrar
Ascende um leve fumo
Das minhas sensações.
Deixo de me incluir
Dentro de mim. Não há
Cá-dentro nem lá-fora
(La alcoba
cae no sé por dónde
hasta no encontrarme
Asciende un leve humo
desde mis sensaciones
Dejo de incluirme
dentro de mí. No hay
nada dentro ni afuera)
Por supuesto, quien escribe ficción es más propenso a despersonalizarse, porque entra en contacto con un mundo que no es real y con vidas ajenas. El yo escritor, el yo narrador (si lo hay) y el yo persona corriente se separan.
Arthur Rimbaud dijo aquello de «yo es otro» («je est un autre» en francés), y es que el escribir también puede usarse como acto de vista objetiva hacia el yo que pasea por la calle. Pessoa transformaría esa frase en «hay un yo-otro y un yo-ahora».
[Anotación: Obviamente, en torno a los estudios poscoloniales e interculturales—a los que también puede asociarse la frase de Rimbaud—un autor debe ser consciente de culturas / perspectivas que no son la suya para así elaborar una mejor representación de personajes y escenarios]
Desde la experiencia propia, la jornada de escritura es una externa a la del resto del día. Por mucho que uno sea el creador de la historia, las que mandan son las palabras expuestas en el papel o la pantalla. Además, teniendo en cuenta el sacrificio psicológico apenas remunerado que conlleva escribir, es normal que la imagen pase a ser una distorsionada y que no sabe por dónde tirar.
En casos perjudiciales, esto puede llevar al abandono de la escritura o a peores sucesos que ya hemos visto a lo largo de la historia, véase la situación de Franz Kafka, por ejemplo.
Habrá entonces que «espelhar» la paciencia y el sosiego, con un yo que firme sin avergonzarse, y que los heterónimos surjan no por necesidad sino por amor al arte.
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