PETRARCA: CÓMO LOS AMANTES PARIERON LA EUROPA LITERARIA

 "Podrán tal vez, pasadas las tinieblas, volver nuestros lejanos descendientes al resplandor del siglo antiguo"

                                       - Francesco Petrarca

Humanos. Cada vez debería esa palabra usarse más como adjetivo calificativo de lo tontos que somos.

Somos «una cosa loca» en el transcurso de la historia, cuyas etapas te tuviste que aprender en la ESO y en las cuales no había narices de profundizar. ¿Por qué? Porque estabas en la ESO. Misma razón para dos opuestos. 

Eso es quizá la humanidad. La razón por la que la Tierra sigue existiendo y por la que le queda menos. Mind blowing.

Ahora bien, vamos a centrarnos en el primer sentido, el positivo. Cuando la humanidad no es el centro, ¿qué lo es? ¿Dios? ¿La naturaleza?

No, dejémosla donde está. El humanismo era, y ya no sé si puedo decir que lo es en el presente, hacerle ojitos a la expresión clásica trayendo al hombre (lastimosamente no a la mujer por la época) como objeto de estudio.

Hay en este blog un texto que se llama "Maquiavelo: el imperio del desarrollo humano", en el que nuestro amigo Nicolás defendía a la humanidad desde el punto de vista del poder.

Antes de él hubo varios: Erasmo de Rotterdam y Tomás Moro, por ejemplo, pero hoy nos visita el primero de ellos.

Petrarca no tan solo defendía a la humanidad, la era. No hay un Garcilaso de la Vega ni un William Shakespeare sin él (lo que tiene que hayan nombrado una corriente con tu nombre).

Los güelfos negros, una facción pro-papa, desterró a su padre de Florencia por mantener contacto con Dante Alighieri, quien escribiría "La Divina Comedia".

El niño estudiaba humanidades desde joven y no tardó en interesarse por la lírica de los trovadores (dato importante), pero no fue hasta la universidad que descubrío a los latinos clásicos, siendo Cicerón su favorito.

En casa, sin embargo, estas lecturas no estaban bien vistas. Su padre quemó los escritos y ese límite se mantuvo hasta su muerte.

Con su figura paterna fuera del tablero, Petrarca volvió a la ciudad de su infancia y un viernes santo conoció supuestamente a una tal Laura.

Años más tarde, bastantes, escribió su magnum opus en lo que a poesía respecta: el Cancionero. Con 366 poemas, 317 de ellos sonetos, tocaba un tema muy curioso: el proceso de amor del trovador.

Plasmó aquello a lo que puso el ojo en su infancia, desde el primer encuentro del poeta con su "donna angelicata", la mujer noble inalcanzable, hasta la devoción de después de muerta.


L'aura celeste che'n que verde lauro

Spira ov' Amor feri nel fianco Apollo

Ed a me pofe un dolce giogo al collo

Tal che mia libertà tardi restauro

[Nótese el nombre Laura disfrazado en el primer verso, siendo «lauro» además el nombre italiano para «laurel», en la misma estrofa en la que se menciona a Apolo (véase el mito de Apolo y Dafne)].


Todo esto era peculiar para un autor muy cristiano. Decía Martín de Riquer Morera que el Cancionero era la historia de las contradicciones de Francesco, y es que resulta que sintetizó al amante con el caballero creyente.

Volviendo sobre mis pasos, sí, podría decirse que los amantes dieron luz verde a la Europa literaria renacentista, dada toda la influencia del petrarquismo.

El amor siempre ha sido motor de literatura, sobretodo de poesía. Más lo veríamos en el romanticismo e incluso en la popularidad del subgénero romántico hoy en día.

El destino de esto si se toma como dependencia se asimila a cómo acabó el propio Petrarca: muerto sobre un libro que estaba estudiando.

Comentarios

Entradas populares de este blog

TODO LO QUE USTED QUERÍA SABER SOBRE LIBROS* *PERO TEMÍA PREGUNTAR

EN DEFENSA DE LA AUTONOMÍA DEL PERSONAJE

CIXOUS-FREUD-SALINGER: DE UNA EXPERIENCIA AUTOBIOGRÁFICA TRIPARTITA