JOHANNE SACREBLEU SUBIDA A SU ROCINANTE

 "Escribo sátira por dos razones: porque hago a la gente reír y porque me hace estar en medio de Watergate"

                                              - Carl Hiaasen

Resulta increíblemente razonable que ya no nos tomemos en serio las nominaciones a los Óscar. Muchas veces deberíamos hacer lo mismo con los Planeta.

Cuando una cosa de nombre "Emilia Pérez" tiene más que muchas películas de culto, solo te queda volver a lo que estabas haciendo. 

Aquella que no quiso seguir mi consejo fue una directora trans mexicana (es decir, miembro de tres colectivos de los que se mofa la supuesta maravilla global) llamada Camila Aurora. 

El resultado fue "Johanne Sacrebleu", un cortometraje de treinta minutos que le da de su propia medicina al producto original, es decir, un coche de estereotipos mal aparcado en un intento de musical sin investigación previa. Me hubiese gustado ver un "no contratamos actores franceses porque ninguno tenía el suficiente talento".

¿Para qué quiero, sin embargo, calidad? En estas situaciones buscas reivindicar una realidad y menospreciar el teatro que se han montado unos pocos en base a millones de dólares y a la burla de temas tan complicados como el narcotráfico y la desaparición de personas. No se trata de un parámetro cualitativo, sino de sociedad.

Me enfoco ahora en los principios del siglo XVII. Miguel de Cervantes había publicado la segunda parte del Quijote, habiendo en la primera ciertas inconsistencias narrativas.

Don Quijote y Sancho tienen un diálogo con un bachiller sobre eso. Ambos se quejan de que el autor no cuenta ciertos eventos como de verdad ocurrieron y el propio escudero tapa un agujero de guion por la supuesta desaparición de su burro contando la historia del robo.

Y todo esto nació por parodia a las historias de caballería.

En solo sus primeros segundos, "Johanne Sacrebleu" se molesta en lo siguiente: narrar una introducción a Francia como país con una voz en off. Esa voz en off habla en un idioma inventado y entre el PowerPoint de Francia se cuelan pirámides de Egipto y templos asiáticos.

La esencia de esta sucesión es quijotesca, es subirse a un Rocinante y destruir con gracia un pilar intocable, es sátira literaria aplicada a la actualidad.

Y digo aplicada a la actualidad porque este arte lo empleábamos hace tiempo. No fueron pocos los que conocían como su Emilia Pérez a la "Summa Theologica" de Tomás de Aquino. Aquello era la filosofía medieval, los dogmas son un arma de doble filo porque es sencillo hacerles crítica.

Voltaire, a quien yo llamé «el cabrón más listo de la historia», lo hizo en conmemoración al pensamiento de Leibniz con "Cándido o el Optimismo". Y qué tendrán los franceses para que se les de tan bien esto, pues Molière era otro experto. Tartufo Sacrebleu podríamos comenzar a decir.

En resumen, la respuesta propia es un motivo genuino para escribir. Da igual si es el guion de un corto o el Quijote, hay gigantes a los que debemos tumbar una que otra vez para ver la realidad. Y sí, estoy seguro de que son gigantes y no molinos.

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