MAYAKOVSKI: UN FUTURO QUE NO TE ESPERAS
"Si las estrellas están encendidas, ¿quiere decir que a alguien les hace falta?"
- Vladimir Mayakovski
Como muchas otras veces, os traigo conceptos que visteis en Bachillerato y que muy probablemente no os gustaría volver a oír.
El futurismo es una de esas vanguardias nacidas por influencia de Italia que calaron en el desmonte de la cultura. Ya lo vimos en España con Papasseit y sus "Poemes en Ondes Hertzianes" y con Gómez de la Serna.
Y por supuesto, somos un montículo de arena en la playa a la que llamamos mundo. Rusia, por otro lado, es el acantilado que hay a la izquierda.
En diciembre de 1912, salió a la luz una tal "Bofetada al Gusto del Público", que decía que si la literatura era un barco, era mejor tirar a Dostoyevski por la borda. El manifiesto era abiertamente anti-modernista y creía en lo que se llamaba palabra autosuficiente.
Tal supuesto insulto estaba firmado como Hylaea, que era en realidad un grupo de cuatro hombres (¿quién te conoce, Carmen Mola?).
Destacamos entre ellos al que quizá destacó más por su verso y cómo no por su política.
Nadie conocía a Vladimir Mayakovski, era el rebelde de pueblo que se inventaba palabras y que pintaba cuadros de vez en cuando.
Fue con la Revolución Rusa liderada por Lenin que empezó a triunfar, y de hecho la apoyó políticamente como miembro del POSDR.
Eso le costó la libertad varias veces durante el zarismo, pero no le impidió escribir. En 1915 sacó su primer poemario destacado: "Una Nube en Pantalones", que originalmente iba a llamarse "El Decimotercer Apóstol", hablando de la revolución artística y religiosa con base en el amor.
Tras el éxito bolchevique, viajó por Occidente con motivo de impulsar el sentimiento revolucionario, haciéndose experto por el camino en caricaturas de propaganda.
Su relación con Rusia, sin embargo, cambió con Stalin en el poder, y es que Stalin no se llevaba muy bien con las vanguardias.
La obra de teatro más conocida de Mayakovski, "La Chinche", fue apaleada por la crítica autorizada por fallas estéticas que nunca se especificaron. El guion relataba cómo un hombre despertaba tras cincuenta años congelado en una utopía comunista y cómo es tratado como una exposición de los vicios de una era antigua.
Sin contar la desilusión por "La Chinche", las emociones del hombre no se dejaban ver. Lo único que sabían los lectores era el nombre de Lilia Brik, escritora y cineasta rusa de la que Mayakovski estaba enamorado.
El cotilleo y su auténtica fama vinieron con su suicidio (de un tiro al corazón) en 1930.
Como siempre, a la gente le atraen los escritores cuando estamos muertos y, como Mayakovski, quizá a todos nos aguarda un futuro que no te esperas.
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