SARMIENTO: ESCRIBIR PARA EDUCAR

 "Hombre, pueblo, nación, Estado: todo está en los humildes bancos de la escuela"

                                  - Domingo F. Sarmiento

Ya en la universidad, puedo echar la vista atrás hacia mis sucesores generacionales. De algunos me siento orgulloso y de otros prefiero no hablar, pero estos dos grupos convergen en la influencia que han tenido de la educación.

No es, ni mucho menos, que el sistema educativo español sea el mejor (por lo que me han dicho, tampoco lo es el de algunos países latinoamericanos). La educación empieza en casa, se detalla y profesionaliza en los centros, y ya la desarrolla en el individuo con el tiempo.

La persona de la que hablamos hoy, tocayo autor, pretendía concienciar a una Argentina del siglo XIX de esto. Domingo Sarmiento, Faustino como segundo nombre, hizo el papel de político y presidente en un país donde no caería demasiado bien.

A los cuatro años, tuvo de maestro a su tío sacerdote, quién ya lo introdujo en la lectura para que se abriera camino a una Escuela de la Patria, centro levantado por el gobierno de la Revolución.

Tuvo una experiencia de becas que lo hizo más independiente, hasta el punto de fundar una escuela en San Francisco del Monte junto a su tío, al que habían exiliado allí.

Por riñas con el gobernante del país, se hizo miembro de los unionistas y se adentró de lleno en la enseñanza y la literatura. En 1845, durante otro exilio, publicó "Facundo o Civilización y Barbarie en las Pampas Argentinas", vida del militar Facundo Quiroga y exposición de la política mundial en base a las dos metáforas de civilización (Europa, Norteamérica, los unionistas) y la barbarie (América Latina, España, Asia).

En los cincuenta, salió a la luz un anónimo con el título de "Argirópolis", una propuesta utópica de formar los Estados Confederados del Río de la Plata. Su capital era esa Argirópolis y se ubicaba estratégicamente en una isla.

Por supuesto, lo escribió Sarmiento, pero la propuesta no sirvió de nada con la caída del gobernador.

Tantas escuelas, muy simpatizantes para su época con la figura de la mujer, formó este hombre y tantos sistemas educativos analizó que se ganó la admiración de Unamuno y el amor-odio de Borges (¿quién no tuvo el amor-odio de Borges?).

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